Cuando el ex presidente Ricardo Lagos fue designado por el Secretario General de la ONU como enviado especial para el cambio climático, sectores del mundo ambientalista criticaron dicho nombramiento por considerar que el desempeño ambiental de Lagos durante su administración no lo hacía merecedor de este reconocimiento.
Por mi parte, consideré que el hecho que la designación recayera en un político y estadista de la envergadura de Lagos, era una oportunidad para que los temas ambientales fueran asumidos por una clase política que tradicionalmente los ha rehuido. Como ejemplo, tomó prácticamente 20 años que los informes del Panel Intergubernamental de Cambio Climático, “la verdad inconveniente” como la denominara Al Gore, fuera asumida por la clase política.
Esta designación de Lagos, le valió la jovial apelación de “Capitán Planeta” por un matutino nacional. La responsabilidad de llevar dicho apelativo no es menor. Sin embargo con el tiempo, la mirada sobre el tema ambiental se fue restringiendo de una manera bastante reduccionista a las emisiones de gases de efecto invernadero y especialmente el dióxido de carbono vinculado a la quema de combustibles fósiles.
Es así como las recientes declaraciones del ex-presidente se han referido a proyectos de grandes represas hidroeléctricas e incluso centrales nucleares, como actividades benéficas para el medio ambiente solo por el hecho de no generar emisiones de CO2, como si la “huella de carbono” fuera la única variable que definiera la inocuidad ambiental de un proyecto.
Hay que recordar que el mismo Protocolo de Kioto, excluye a las grandes represas y la energía nuclear como alternativas de mitigación. Además hay varios estudios que señalan que las reducciones de emisiones de las grandes represas se anulan producto de los procesos de metanizaciíon de los embalses y el impacto de la pluma de sedimentos en el fitoplancton reduciendo su capacidad de captura de carbono, siendo el efecto neto cercano a cero e incluso negativo.
A esto hay que sumar las emisiones asociadas a los varios años de construcción de estos proyectos. Y aquí no estamos incluyendo el impacto en la biodiversidad, ecosistemas, paisaje, turismo, devaluación de propiedades, cientos de kilómetros de líneas de trasmisión, etc. Por lo tanto más que un “Capitan Planeta” estamos ante la presencia de un disminuido “Capitán Carbono”. A mi juicio, Lagos puede más. Chile espera más.
Hernán Mladinic Alonso