La Patagonia / Colonización y Cultura
La Patagonia en el imaginario mundial refleja una tierra indómita, salvaje y virgen. La realidad demuestra un inigualable escenario natural maltratado por fracasadas y continuas políticas públicas de colonización y desarrollo. Impulsada desde1900, la colonización en Aysen deja hoy como herencia, la más baja densidad del país: 0.5 habitante por km2 y 3 millones de hás erosionadas. La sustitución del guanaco por ovejas, la intensiva extracción de recursos naturales y el exterminio de sus culturas nativas marcaron también la realidad de la Patagonia chilena.
Durante treinta y cinco años, con timbre fiscal, los contratos de colonización público-privados quemaron millones de hectáreas de bosque nativos con fauna y ecosistemas únicos en el mundo incluidos. Esa orden, permiso y compromiso público de “limpiar y despejar” para poblarla y cultivarla son pasado, presente y futuro en la Patagonia chilena. Hoy día siguen habiendo más ovejas que personas en las XI y XII regiones. El Censo 2002 sumó un total de 250 mil habitantes donde las urbes de Coyhaique, Puerto Aysén y Punta Arenas, representan el 70 % de esa población. Los conflictos fronterizos limítrofes y los pactos chileno argentino entre 1899 y 1901, decidieron al Estado chileno concesionar, incluyendo habitantes, tierras de frontera a mar, con cuencas hidrográficas, valles y ríos incluidos a grandes empresas ganaderas para iniciar actividades colonizadoras y silvoagropecuarias. Allí está el origen de la “la Guerra de Chile Chico” donde los “colonos libres” o asentados autónomos, abandonados a su suerte por el Estado chileno, debieron defender violentamente sus intereses y propiedades ante esas gigantescas empresas ganaderas en 1918. En la historia industrial de la Patagonia sobran incumplimientos a compromisos firmados con el Estado chileno para asentar cientos de familias colonas extranjeras, o dejar, al término de contratos, mejoras regionales. Durante décadas, la casi nula inversión pública chilena, hicieron además mejorar las relaciones humanas entre colonos trasandinos, obviando razones nacionalistas de soberanía y fronteras interiores que todavía marcan la política de ocupación territorial en Aysén.
Las consecuencias de esas decisiones y acciones públicas se ven reflejadas en numerosos problemas que se deben enmendar. |