La Patagonia / Errores del Pasado


Incendios

No existen antecedentes que señalen que los pobladores originales de nuestra Patagonia hayan utilizado el fuego para eliminar la vegetación nativa; por el contrario, convivieron con ella en armonía.

En 1830, Darwin calificó a los patagones como la peor etnia del planeta. En 1870, ingleses, yugoslavos y españoles, además de perpetrar su genocidio, quemaron 3.120.000 hectáreas de bosque de lenga y coigüe, lo que se evidencia en los millones de troncos quemados por doquier. Con ese nefasto ejemplo el gobierno de Chile inició la colonización de la cordillera de la Costa, Collipulli y Traiguén, proceso que terminó con 5.500.000 hectáreas erosionadas. Los colonizadores australes anillaron árboles para que se secaran en pie, y avivaron las quemas con los fuertes vientos de la primavera.

Los pioneros en la Patagonia realizaron algo similar como acción derivada de una equivocada política de la Caja de Colonización. En forma contradictoria la política pública reflejada en la ley de colonización fue la causante de gigantescos incendios forestales. A partir de 1937, se entregaron tierras en forma oficial a los primeros colonos, pero con la condición de que cada uno comenzara eliminando 120 hectáreas de bosque en su predio, lo que se hizo a fuego… Así, a punta de fuego, se colonizó la Patagonia. Esta es la impronta histórica que en gran medida determina su situación actual.

En las décadas de 1940-50 en el valle Emperador Guillermo se realizó la quema de su vegetación, de esta forma se aceleró el escurrimiento de las aguas superficiales y la energía erosiva arrasó todo un manto de suelos volcánicos profundos, transformando las laderas y el fondo del valle en roqueríos y pedregales.

En todos estos casos no se estudiaron ni se respetaron la biodiversidad y las características de los jóvenes suelos.

En el valle del río Simpson miles de quemas dejaron el suelo descubierto y las rocas subyacentes sirvieron de superficie de deslizamiento. En 1961, producto de lluvias torrenciales, enormes bloques de tierra y bosque se deslizaron ladera abajo colmatando el río, que dejó de ser navegable. Puerto Aysén perdió su condición de tal y el puerto tuvo que ser trasladado a Bahía Chacabuco, con consecuencias territoriales, sociales y económicas que nunca han sido debidamente analizadas. Felizmente, todavía existen vastas áreas verdes cubiertas de bosque nativo en Patagonia. Es probable que a causa del cambio climático, muchos chilenos y otras personas necesiten en el futuro establecerse en este, aún, bendito lugar.


Sobrepastoreo

Los ricos ecosistemas de la estepa patagónica de Aysén, corresponden a pastizales naturales que ocupan alrededor de 430 mil hectáreas en la región que, sin embargo, están muy escasamente representados en el Sistema Nacional de Áreas Silvestres Protegidas del Estado.

En su historia reciente, la estepa patagónica de Aysén, desde su proceso de colonización pasando por el exterminio de los tehuelches hace menos de cien años, ha estado sometida a un severo proceso de sobrepastoreo, principalmente por ganado ovino, con cargas animales que superan tres y cuatro veces su capacidad sustentadora. Esto ha originado un fuerte proceso de erosión, al quedar el suelo desnudo y expuesto al arrastre de sus partículas por el agua y el viento, decapitándose, de esta forma, el frágil horizonte orgánico de estos ecosistemas de reciente formación.

La erosión, producto del sobrepastoreo, ha impactado además, negativamente, otros valores ambientales del ecosistema, tales como la diversidad genética de flora y fauna, la fertilidad en los ecosistemas, la capacidad de retención de humedad de los suelos, facilitando la aparición de especies invasoras y no paleatables; esto ha contribuido a la desertificación, a la menor rentabilidad económica de las explotaciones ganaderas y al despoblamiento. Se constata así en el territorio un fenómeno socioecológico retroalimentado de desaparición simultánea, tanto de las especies de flora y fauna originales, como de los habitantes humanos.

Los procesos de restauración de los pastizales de la estepa patagónica son lentos y difíciles, tanto por los elevados costos que implican, como por la complejidad de la sucesión ecológica necesaria. Sin embargo, muchas veces a través de una simple protección de dichas zonas que excluya actividades entrópicas y que permita a la naturaleza actuar por sí sola, desplegando sus dinámicas sinérgicas, se pueden obtener resultados alentadores en la recuperación del estado y condiciones de ecosistemas tan relevantes como los someramente descritos. La transformación de estancias y zonas abandonadas en áreas de protección, tales como parques y reservas, para el desarrollo de un turismo armonioso con la naturaleza, es una promisoria alternativa para la restauración y el uso sustentable de dichos ecosistemas.


Caminos Mal Hechos

La construcción de la Carretera Austral comenzó en 1976, y tras veinte años de trabajo y 200 millones de dólares invertidos, se inauguró su tramo final. El objetivo: conectar el territorio nacional y mejorar la calidad de vida de los colonos de la Patagonia chilena. Desde Puerto Montt, el camino penetra por territorios únicos en el mundo, recorriendo 1.240 kilómetros hasta Villa O’Higgins en la Región de Aysén, y desde Puerto Yungay hasta Puerto Natales, en la Región de Magallanes, sirviendo a más de 37 localidades. Este “resumen oficial” nada dice de la degradación ecológica, y de todas las expectativas progresistas y los sueños fracasados de los colonos que nunca pudieron asumir costos de viajes y traslados. Pocos quieren recordar que su construcción e inauguración como Longitudinal 7, “Carretera Austral General Augusto Pinochet Ugarte”, convirtió vastos sectores de la Patagonia chilena en territorios allanados, penetrados y saqueados, donde las culpas o responsabilidades tienen un mismo nombre: la dictadura militar y la ignorancia del valor económico de la naturaleza no intervenida. Bajo el eslogan “Restauración Nacional y Desarrollo Regional” esta ruta se impuso como voluntad nacional inconsulta, obra construida sin derechos laborales ni evaluación ambiental. Para qué hablar de control ciudadano. A machete y dinamitazos; asustados, obligados, mojados, hambrientos; sin equipamiento adecuado y mal pagados, más de 10 mil hombres trabajaron durante años con ocho meses de temperaturas bajo cero, y diez de lluvia; completamente aislados. No sorprende entonces el pánico que expresaron sentir los primeros “abrecaminos” al tener que acatar órdenes de someter esa naturaleza patagónica indómita. Entre selva y montañas, sobre ríos, fiordos y canales, con 500 mil kilos de explosivos se levantaron puentes, se removieron 12 millones de metros cúbicos de rocas y se instalaron 27 campamentos para los 10 mil reclutas que participaron.

Ya en democracia, el maltrato a la belleza escénica, esta vez directamente por parte del Ministerio de Obras Públicas, profundizó el proceso de degradación del potencial turístico de la Patagonia chilena. Obras mal diseñadas y mal construidas, peligrosas para sus usuarios, muestran la falta de consideración ambiental y paisajística de Vialidad en el mantenimiento y ejecución de estas rutas, falla que continúa en la actualidad. Sin rentabilidad económica, ¿quién asumirá el costo de recuperar y reforestar esas miles de hectáreas degradadas y el daño al capital escénico, fundamental para el ecoturismo en el entorno de la Carretera Austral? La misma ignorancia lleva a hacer caso omiso del terrible impacto que, en general, causa la apertura y uso de carreteras en ecosistemas que son severamente fragmentados de manera irreversible. Tal como ocurrió con el boom ganadero, los saqueos del alerce, del ciprés de las Guaitecas, la lenga, el loco y merluza austral, la Carretera Austral termina siendo hoy una puerta abierta para iniciativas industriales que esperan seguir usando y abusando de la naturaleza de la Patagonia. A sacar y sacar… pingües beneficios privados versus elevadísimos costos sociales y ambientales. ¿Hay alguien mirando desde allá arriba?

 
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Ciervo huemul, emblema nacional
 
The Patagonia Without Dams Campaign In Chile